Trabajo

10 tipos de personas insufribles que siempre hay en el trabajo

Todos los conocemos o, incluso, podemos ser uno de ellos

Editor: Redacción Multimedia

10 tipos de personas insufribles que siempre hay en el trabajo

10 tipos de personas insufribles que siempre hay en el trabajo

La oficina es como el colegio o universidad donde podemos encontrar personas muy diferentes a nosotros, con sus virtudes y defectos, y con las cuales tenemos que aprender a convivir, pues el trabajo muchas veces se convierte en el segundo lugar donde pasamos la mayor parte del tiempo después de la casa. Y, en esta nota, hablaremos de aquellos a quienes podríamos llamar "gente tóxica", pero seamos sinceros, pues seguramente nosotros también en algún momento hemos sido uno o varios de ellos. Según el psicólogo Gustavo Giorgi, para el sitio web 'Entrepeneur', estos algunos tipos de personas "insufribles":

1. El que va al trabajo a hacer terapia. Algo confundido respecto de los lugares, se equivoca al plantear la oficina como espacio terapéutico. Así, sus compañeros de transforman inmediatamente en sus psicólogos, a quienes hartará contándoles permanentemente sus problemas y desgracias que van desde los cíclicos desencantos amorosos hasta las traiciones de amigos. Lo peor del caso es que si uno intenta proponerle ideas o acudir a un profesional, su respuesta será “Yo no creo en psicólogos”.

2. El que aprovecha la creatividad de otros. Es el caso de quien roba ideas adjudicándoselas como propias. El malestar que genera escuchar de boca de otro cosas que se te ocurrieron a ti, mientras tu jefe lo felicita, es solo comparable a la sensación de martillarse con violencia el dedo chiquito del pie. Si a este insufrible le pides explicaciones dirá: “Nunca supe que esa era una idea tuya. Es más, yo la tenía hace mucho tiempo, pero no me animaba a decirla”.

3. El laberíntico. Su nombre se debe a que no sabes cómo hablarle porque todo le caerá mal al día siguiente. “Cualquier comentario podrá ser usado en tu contra”. Una palabra, un gesto, incluso una interjección de alguien podría ser el puntapié inicial para que el laberíntico desande una "masticación" de ideas complicadas y, en general, negativas. Ejemplo: “Ayer me quedé pensando en que durante la reunión, cuando decías lo de mejorar las ventas me miraste a mí. Lo dijiste porque me ves mal, ¿no?”. Te obliga inmediatamente a dar cuenta del porqué dijiste eso y que evidentemente no era para él.

4. El que se quiere volver el portavoz del grupo. Si bien que hay ocasiones en las cuales el más extrovertido se anima y pone en palabras el sentir general, este es otro caso, y se corporiza en las personas que disfrazan sus inquietudes en malestares generalizados. El dicho sería: “Todos creemos que no hay oportunidades de crecer”, siendo que en realidad a él se le había negado un ascenso.

5. El quejumbroso. ¿A quién no le tocó en la oficina sufrir al censor eterno de ideas ajenas, o escuchar constantemente sus quejas y rebuznos como un motor que no enciende nunca? Aquel que transformó su queja en hábito nunca se hará responsable de nada. Será una víctima de las circunstancias, del jefe, de sus compañeros, etcétera, y los demás deberán convivir con sus reclamos y maldiciones echados al aire, lo que generará una sensación de desgano en el ambiente.

6. El bravucón. En Estados Unidos le dicen bully. Goza poniendo en ridículo a sus compañeros y sintiendo que tiene el control de la situación. Piensa que genera cómplices con los que ríe de sus pesadas bromas o chistes de mal gusto. Si su víctima de turno reacciona, corre el riesgo de quedar como el amargado de la oficina y por esto mismo la mayoría de las veces opta por el silencio, lo que termina por agrandar aún más a estos sujetos. Algo interesante a tener en cuenta es que los bravucones poseen una importante carencia de seguridad en sí mismos, que intentan compensar mediante la denigración a los demás.

7. El centro del universo. Esta persona planea ser siempre el eje del debate. El punto de mira y referencia para todos los otros. Él ya pasó por todas las situaciones y conoce de todo. Tal como escuché de un colega en una oportunidad: “Yo, de relaciones humanas lo sé todo”. Aunque pueda parecer increíble las oficinas están plagadas de personas con estas características de egocentrismo, las cuales generan el efecto inverso del pretendido: logran alejar más que acercar a sus compañeros.

8. El que vende pescado podrido. No queda claro el porqué alguien disfrutaría de crear mentiras, rumores y liberarlos en medio del lugar de trabajo. El momento del café será el apropiado para que este personaje comience a destilar información “reservada” (que solo él conoce) en general consistente en predecir hechos negativos, dramáticos o directamente catastróficos. “Escuché que iban a cerrar el departamento cobranzas” o “El gerente dijo el otro día que si no levantamos la puntería, esta fábrica pone el candado en la puerta”. Todas circunstancias que serán desmentidas en la práctica, pero que lograron sus fines: generar angustia en los compañeros.

9. El que nunca se da cuenta de lo que pasa. Podría explotar una bomba napalm a su lado y quedaría igualmente impertérrito. No reacciona cuando es necesario, carece de iniciativa y todo le pasa por el costado. El problema aquí estriba en que hay momentos en los que verdaderamente hace falta alguien que diga que no, que defienda sus puntos de vista o que asuma una posición activa ante la realidad.

10. El voluble. Nunca podrás estar cien por ciento seguro de qué piensa en realidad el voluble dado que puede cambiar sus puntos de vista con la velocidad de un rayo. Tal como lo ilustró Woody Allen en Zelig, esta persona puede mimetizarse con su interlocutor hasta convertirse casi en un espejo. De esta manera, puede opinar que el sector logístico sería más eficiente con un mejor sistema informático y a los cinco minutos pontificar acerca de las ventajas que tiene hacer un control manual de la mercadería recibida y enviada. 

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